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Las mujeres en las matemáticas

la metodología tradicionalmente usada en los procesos de aprendizaje escolar de estas áreas se centra más en las costumbres e intereses inherentes a estereotipos masculinos; por ende, no es de extrañarse que la gran mayoría de las mujeres se sientan ajenas a las aulas de ciencia y tecnología.

  • Maestrik

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Las mujeres en las matemáticas

Las “ciencias duras” como las matemáticas tradicionalmente suelen presentarse como altamente rigurosas, analíticas, lógicas, y demandantes de una considerable capacidad de manipulación de objetos, generalmente abstractos. Todas estas cualidades y circunstancias culturalmente han estado asociadas al estereotipo masculino. Adicionalmente, en el desarrollo histórico de la ciencia, se ha marcado una tendencia que, inconscientemente, nos ha conducido a invisibilizar el trabajo de las mujeres.

Asimismo, la metodología tradicionalmente usada en los procesos de aprendizaje escolar de estas áreas se centra más en las costumbres e intereses inherentes a estereotipos masculinos; por ende, no es de extrañarse que la gran mayoría de las mujeres se sientan ajenas a las aulas de ciencia y tecnología. Por ejemplo, al interior de las aulas de clase de matemáticas no es difícil encontrar actividades que marcan una visión estereotipada de esta ciencia, por ejemplo:

Por ejemplo, al interior de las aulas de clase de matemáticas no es difícil encontrar actividades que marcan una visión estereotipada de esta ciencia, por ejemplo:

Ejercicio 1. La mamá de Lucía quiere hacer 48 empanadas. Ya hizo 30. ¿Cuántas le falta preparar?

Ejercicio 2. Matías descompuso 128 de la siguiente forma: 128 = 100 + 10 +10 + 5 + 2 +1 ¿Es correcto?

En los anteriores ejemplos se encuentran implícitas imágenes estereotipadas que identifican la presencia femenina con labores estrictamente domésticas, mientras que la identidad masculina se presenta inherente a actividades propias de destreza en el desarrollo del pensamiento matemático.

En primer lugar, es necesario descartar las posibles diferencias de capacidades matemáticas entre mujeres y hombres a las que se ha aludido de manera continua en el pasado. Investigaciones recientes demuestran que el cerebro de las mujeres y de los hombres procesa la información matemática de la misma manera y hablan del cerebro como un “mosaico” que se moldea dependiendo de los incentivos que reciba. ¿Los chicos tienen más visión geométrica? Quizás (o no), pero es posible que eso tenga que ver con conceptos de carácter cultural y con la exposición continua a los diversos roles de género que, con distintos grados de sutileza, están presentes en todos los ámbitos.

Una de estas creencias señala las matemáticas como la disciplina más difícil desde las etapas escolares, para la que se requiere cierto tipo de cualidad innata. Este mito es aún más prominente dentro del imaginario sobre la investigación en matemáticas, que supone resolver problemas que nadie ha podido solventar antes, elaborando demostraciones complejas únicamente a base de ingenio.

De este modo, la suma de todas estas narrativas establece un estrecho vínculo entre las matemáticas y la genialidad. Y, a su vez, la idea de genialidad está fuertemente ligada en nuestra cultura a la de masculinidad. Así, hay experimentos que muestran que desde los seis años, las niñas ya creen que la brillantez es un rasgo masculino, y que, aunque saquen mejores notas que sus compañeros, suelen pensar que están menos dotadas para las matemáticas. Es muy posible que la coexistencia de estos dos mitos (las matemáticas son para genios; los genios son hombres), produzca una barrera de entrada invisible.

Es difícil eliminar radicalmente estas creencias, pues se fraguan en numerosos mensajes y medios, presentes durante todo el proceso de educación y socialización de niños y niñas. Algunas voces proponen reconocer el aprendizaje y el crecimiento en lugar de la brillantez, de manera igualitaria para niños y niñas; ser cuidadosos con el lenguaje empleado en clase; u ofrecer modelos variados de personas dedicadas a la investigación. Hay mucho que hacer en esta última dirección: en los libros de texto de matemáticas, la cantidad de referencias a mujeres se sitúa en un 5% . Además, en libros, periódico, televisión y cine se sigue reproduciendo la idea romántica del investigador como personaje genial, solitario y alejado de la realidad. Es más, la divulgación científica sigue sin estar dirigida a las niñas y continúa, en su mayoría, siendo realizada por varones.

Se debe acudir a otros referentes, replantearnos a fondo el discurso que estamos emitiendo desde las instituciones y otras entidades, y hacer frente a la baja representación de mujeres en la carrera de investigación en matemáticas, como un problema que nos afecta a toda la sociedad.

Es una realidad incontestable, y arroja una serie de preguntas, incómodas pero ineludibles, sobre mecanismos y patrones presentes en las etapas formativas. Pese a que aquí hemos señalado algunas direcciones que nos parecen importantes, las respuestas a estos interrogantes tendrán otras múltiples facetas. Es nuestro deber como profesores y padres perseverar en el análisis de estas cuestiones, para así poder garantizar que nuestros hijos/as desarrollen vocaciones variadas, libres de estereotipos e ideas preconcebidas sobre género, raza, profesión o condición social.


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